Mientras el semáforo, por interminables segundos, hace rugir
irregularmente los motores, hay quienes ven
sobre él las ramas flexibles del laurel. Otros
el camión de caudales que gira veloz
y se aleja. Imperceptible, la gramilla crece laboriosa
entre las grietas del asfalto, calcada
en la frente de más de un conductor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario